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Quizás ha escuchado antes que alimentarse correctamente o comer verduras, vegetales, frutas y beber mucha agua le hará vivir unos cuantos años más. Puede que suene irreal, pero es cierto, tan cierto como que hacer dietas ayuda a perder esos kilitos de más.

Un estudio reciente, publicado en Healthfinder.gov, asegura que alimentarse de forma saludable marca una gran diferencia en la longevidad, lo que favorece y facilita alcanzar la tan anhelada meta de tener una vida más larga.

La profesora de nutrición del Queens City College de la Universidad de Nueva York y autora de la investigación, Ashima Kant, comprobó que las personas que tenían una dieta sana redujeron el riesgo de muerte en un 25% durante los 10 años que duró el seguimiento.

Para la realización del estudio, que salió en la edición de junio de The Journal of Nutrition, se seleccionaron 350,000 hombres y mujeres de las bases de datos de los Institutos Nacionales de Salud y AARP para evaluar la relación entre los hábitos alimentarios y el riesgo de muerte durante el periodo de seguimiento.

Se pudo identificar que las mujeres que se alimentaban sanamente reducían el riesgo de muerte en un 25%, mientras que los hombres sólo en 20%, lo que marca una diferencia de 5% entre ambos sexos.

Este estudio evaluó seis componentes de una dieta sana, entre ellos la ingesta de frutas, verduras, lácteos bajos en grasa, granos integrales, carne magra, aves, y grasa. "No es que haya que hacer todo, lo que está recomendado en las directrices dietéticas, para obtener algún beneficio de salud", dijo Kant  el sitio Web, ya que si una persona consumía cinco o seis porciones de verdura por semana obtenía grandes puntuaciones dentro de la investigación, el punto está en ingerir alimentos saludables.

La comida chatarra esta por todos lados, en las publicidades televisivas, radiales, en los medios impresos y hasta en la Internet. Los jóvenes y niños se enfrentan a un constante bombardeo por parte de las franquicias de comida rápida para que consuman sus productos.

¿A qué niño no le gustaría comerse un hamburguesa con papas fritas y refrescos? Sin embargo, un reciente estudio internacional asegura que la comida “basura” además de elevar el riesgo de obesidad, diabetes y patologías cardiovasculares en los niños, aumenta también las posibilidades de padecer asma en la infancia.

Gabriele Nagel, del Instituto de Epidemiología de la Universidad Helmholtzstr (Alemania) y autora principal del “Estudio Internacional de Alergias y Asma en Niños” dijó al diario El Mundo que tres o más hamburguesas a la semana bastarían para elevar el riesgo de desarrollar asma y sus síntomas en los pequeños, "particularmente entre la población infantil de los países desarrollados".

El estudio que se viene realizando desde el 1922 en 20 países desarrollados y no desarrollados se encuentra en su fase II, cuenta con una submuestra de 29,579 niños y niñas entre ocho y doce años pertenecientes a los 50,000 que se reclutaron al inicio de la investigación.

Una de las participantes españolas de la investigación, perteneciente al servicio de Neumología infantil del Hospital Doce de Octubre de Madrid, Gloria García Hernández, explicó que a los infantes se les realizaron cuestionarios sobre dieta y padecimiento de asma, rinitis, dermatitis atópica junto a muestras sanguíneas tanto alérgicas como genéticas, además de pruebas de provocación bronquial."

Las conclusiones del trabajo publicadas en la revista “Thorax” arrojaron que los niños, pertenecientes a países pobres y ricos, que poseen una dieta rica en pescados, frutas y vegetales cocinados experimentan una disminución del asma y sus síntomas. Por el contrario, la ingesta frecuente de hamburguesas se relaciona con el incremento de asma y sibilancias en los menores de edad.

En definitiva, la dieta mediterránea protege del asma a los niños, mientras que las hamburguesas elevan el riesgo de enfermedad, especialmente en los menores no alérgicos de países ricos", insiste la firmante principal del trabajo que aclara que "la relación entre comida 'basura' y asma también puede deberse a que este tipo de dieta se relaciona con otros hábitos de vida que incrementan el padecimiento de la enfermedad y que no se dan en países pobres".

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