Durante el verano los hábitos para dormir cambian y el cuerpo debe acostumbrarse a nuevas situaciones, que en ocasiones toman más tiempo del deseado. En esta época del año se registran más casos de trastornos del sueño por culpa del calor. Este altera unos parámetros del hipotálmo y se produce una serie de efectos secundarios como: mayor sudaración y más dificultades de concentración lo que dificulta dormir.
El doctor Ángel Robles, del Hospital La Paz, dijo a El Mundo.es que: “todo esto, sumado al cambio de luz, produce una mayor estimulación de la retina, un castigo para la persona con sueño”.
Los especialistas afirman que el verano se convierte en un importante factor que incita los dos tipos de insomnio que existen, agudo: que es circunstancial, ya que aparece cuando se atraviesan situaciones críticas en la vida y desaparecen cuando se supera el trauma; y el crónico: que es una patología que se desarrolla por diferentes factores psicológicos, malos hábitos, trabajos nocturnos y otros.
Cuando se presentan estos trastornos la persona afectada pierde fuerzas, presenta depresiones, ansiedad, hipertensión, disminución del rendimiento físico y mental, además de jaquecas, enrojecimiento de los ojos e inflamación de los párpados.
Los bebes y los ancianos son los más afectados puesto que les toma más tiempo adaptarse al cambio de temperatura. El calor no influye en las horas de sueño de los más pequeños , pero si puede originar que se despierten un mayor número de veces en la noche.
La mala noticia es que el cuerpo no memoriza esta situación por lo que hay que pasar por esta fase todos los veranos. Las personas sólo se adaptan ligeramente.

